La literatura infantil es hecha para y por los
niños. No obstante, en términos de Rosell, ellos no son solo “destinatarios”,
pues el autor enfoca toda su arte en lo que los rodea,
en su entorno y experiencias más
cercanas. Es decir, en la LI el “tratamiento” [1] es
sumamente importante y marca la diferencia con los otros tipos de literatura, pues en esta buscamos potenciar la expresión del niño. De ahí que
es específica para un lector, ya que por sus características los temas,
ideas, personajes, serán dirigidos para tal público, aquel que está en la etapa de la niñez.
La
literatura infantil, no solo busca enseñar, dar ejemplos o estereotipos del
mundo, sino que también busca la creación, el fomento de las emociones y
sentimientos. Tal cual como hablaba en la primera entrada de este blog, la
literatura busca también desarrollar habilidades en los más
pequeños de la sociedad, pretende desarrollar la creatividad, el
pensamiento, la búsqueda y reconocimiento de emociones y
sentimientos. A esa definición le agregaré otros términos fundamentales en toda
obra literaria infantil, tal como el permitir soñar, imaginar, crear,
reflexionar sobre actitudes y
actividades del día a día. Es así como también, reafirmo lo expuesto con anterioridad, sobre la literatura y su profunda colaboración en sociabilizar, primero con la familia y posteriormente con el grupo curso.
En
contraposición a lo comentado hasta este momento, para Gemma Lluch, la LI son
textos literarios o paraliterarios, que son pensados, comercializados o
editados para el público de la LI. Sin
embargo, a esta conceptualización dada,
puedo decir que si efectivamente puede haber mucha LI creada exclusivamente por
estudios de mercado, para así vender y
publicar nuevos productos o con solo el
fin de recaudar una gran cantidad de dinero.
Empero, hay mucha LI, que busca también lo
planteado en los párrafos anteriores, pues la esencia de un autor- escritor es plasmar visiones, darse a entender, más que
ser un “laboratorio experimental y lucrativo”.
En
mi opinión personal, me quedo con lo dicho por Liliana Bodoc[2],
que nos comenta que la “LI es un arte” y como toda arte lleva una correlación entre
lo dicho y cómo es dicho, o sea la forma
y el contenido, donde ambas aportan una gran cantidad de elementos
que enriquecen la lectura, la que es multimodal (simultánea) y por ende,
entrega más datos, siendo atractiva para los jóvenes lectores. Sinceramente, creo que la definición de arte
es perfecta, ya que nos explica la virtud, habilidad y disposición
de una manifestación humana.
Entonces,
la literatura es un arte, el arte creado con y para los niños, donde ellos se
sienten identificados, pues son parte de la historia, resignifican el texto
leído en base a sus experiencias y paradigmas donde un cuento, un libro animado
se convierten en un compañero, una ayuda
y en un consejero. De ahí que, reafirmo
en que la literatura infantil y toda literatura es importante para la humanidad, ya sea por sus conocimientos o por la reflexión que produce en los niños. En fin, por ayudar a desarrollar la cultura humana.
Silvia
Puentes O.[3] Realizó una
comparación y metáfora muy bella, la cual comparto plenamente y resume
mis planteamientos. “La LI es
como el pájaro del alma: tiene cajones para alegría, para el dolor, para la
amistad, para el disfrute, la emoción, las modernas tecnologías y la tradición
oral”.
Bellas
palabras que nos quieren decir que la LI, es un
campo de emociones, sentimientos, reflexión, y de ayuda. Cabe decir
que a pesar de la modernidad, la oralidad y las tecnologías innovadoras siguen conviviendo y
enriqueciendo este circuito.
Con
respecto a nuestro rol como
mediadores en la LI, creo que nosotros
vamos a un punto o paradigma basado en la orientación. Podemos guiar a los estudiantes a que no solo lean en la escuela, sino que
también lo hagan en otras instancias, Es
la llamada “deslocalización”, pues en un
colegio las actividades se realizan obligadas. En cambio, el gusto por leer
debe ser motivación personal, debe ser en base a las experiencias y deseos
individuales, donde la presión por una nota no exista. Creo que nosotros
debemos fomentar este tipo de literatura infantil, más que localizarla, debiera
ser extracurricular. Lo que nosotros podemos hacer es entregar directrices o un canon con
variados títulos, quizás presentárselos a los estudiantes para que ellos
decidan y se interesen por estas obras.
Nuestro
papel, más que punitivo, es ser un educador, un formador. Aquí tenemos nuestra oportunidad de dejar un
legado para la vida de nuestros estudiantes. Tal cual como nos dice
Silvia Puentes debemos fomentar y
permitir “el pájaro del alma” o como
menciona Bodoc y su concepto de arte, para que sea gozada y
admirada en su más sentido espectro.
Nuestra
misión como mediadores es permitir la reflexión
de los infantes y a su vez estar actualizado para conocer los
más recientes títulos de la LI, pues esta es cotidiana, dicho de otra
manera, se refiere a lo real, habitual y común. Estamos claro que nuestro
entorno y el mundo globalizado va cambiando rápidamente, por lo tanto, los
estudiantes tienen nuevas
inquietudes, diferentes dudas y formas
de ver la vida a la que se tenía en
generaciones de antaño. Nuestro objetivo
es ayudar en un proceso de continuo
cambio social y tecnológico, por medio de la
colaboración de la literatura. Aquí
las educadoras juegan un rol importante como mediadoras sobre todo en la
sección no lectores, pues así fomentan que
sean futuros devoradores del
lenguaje, letras e ideas.
Los
mediadores debemos poner más esfuerzo, ya que también podemos ayudar en este
circuito no solo mostrando los textos
literarios o no literarios, sino que también contándolos, con todos los elementos paraverbales. Estas actividades
también les causan una gran curiosidad y novedad a los niños y niñas.
A mi
me gustaría ser un mediador con este sentido de labor, poder sentirme orgulloso
de inculcar el hábito lector.


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